No volverá la primavera.

Ay, quisiste partir en primavera,

la vida entonces bifurcó en invierno.

Luché para que no fuera un infierno,

cuando en ellas busqué cualquier trinchera.

 

Luego fue este rodar como una esfera,

perdí toda noción de aquel gobierno.

Entonces, me inventé mi mundo alterno,

tuve que convertirme en una fiera.

 

Más ahora que caminas por la playa,

se conoce que vuelas altamente,

descansas ya en hamaca paraguaya.

 

Aunque logre borrar el tuyo ente,

es la existencia todavía malaya.

Este dolor, nunca será alburente.

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Es casi sin fin.

Ya huye aterrado el solo solín,

corre y solloza escandaloso,

un dolor espásmico lo persigue

y en su mente siente que escapará.

 

Pero esos diablos a los que huye,

son rápidos como esta vida,

incansables como una cucucaracha,

inagotables como hambrientas ratas.

 

Y es que allá a donde huye

se encontrará con los veloces diablos,

es que son pura tripa y él los oye.

Nunca callan sus infinitas voces.

 

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Fallamos.

Octubre de 2013.

Fallé y fallaste.

Fallamos a aquel que nunca nos decepcionaría, al colibrí que no deja de aletear, a las olas perfectas de Chacahua y al sol masajeador de nuestros cerros en primavera.

Fallamos al que ensanchaba el mundo breve, en donde los besos se prolongan hasta la eternidad.

Fallamos a ese, nuestro amor, que era único, incomparable, irreemplazable, incorruptible. Amor que sólo nos escogió a ti y a mí y que no escogerá a nadie más. Nunca más.

Fallé y fallaste.

Fallaron nuestras estúpidas conciencias con su mediocre lenguaje, que en lugar de comunicar, nos alejó un poquito cada vez.

Ganó nuestro debe ser, que generó esa atmósfera imporosa, poluta, atolondradora, pesada, nauseabundamente olorosa, patética.

Nos sumergimos en esta Polis deleznable llena de nefastas ideologías reinantes, producidas por prominentes e influyentes falsos líderes.

Oprimimos nuestro ser, el que nos ayudó antes a ser felices, a encontrarnos y descubrirnos, a reir a carcajadas, a sentir la libertad más reconfortante y emocionante. A saborear una felicidad aventurera, irrepetible, envidiada por todos y solamente nuestra.

Fallé y fallaste. Fallamos a ese regalo que se entregó sólo a nosotros, y que probablemente hoy llora tanto que no querrá vivir para nadie más…

Ni siquiera, para ti y para mí.

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Uyuni.

Uno solo. Fueron uno solo. No se distinguieron, ni pelearon, no se reflejaron, no estaban separados. Eran uno mismo, de la mano, sin frontera alguna ni linea divisoria, sin barreras de ningún tipo.

Y yo los miré, fui testigo de esa unión infinita, eran una imagen gigantesca y más profunda que el mar. Terminaron con el horizonte, lo desaparecieron, abrieron el más allá, se fueron al más allá, hicieron el más allá. Y me lo mostraron.

Su sola blancura, vasta, única y hermosa me hizo reflejar el cosmos infinito de colores propios. Este se encontró con el cosmos que ustedes me abrieron y se produjo la estampa temporal mejor esculpida jamás.

Frente a ustedes sentí la más eterna soledad, me hice uno solo conmigo mismo.

Frente a ustedes… me miré.

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¿Berenice? Berenice.

Orgánicas flores sobre tan natural cuerpo hicieron que el cuarto se disolviera.

Olas. Llegó el sonido de las olas de una playa desierta. Ella y sus flores estaban ahí, a la orilla del mar, desnudas. Las olas reventaban una detrás de la otra, llegaban y mojaban las nalgas de Berenice, que se hundían un poco más cada vez en el agradable fango que era ahora la arena dorada.

Con la mirada recorrí todo el largo de la playa, estaba completamente vacía, ni un alma. Al volver la vista a Berenice, me percaté de que las flores ya no estaban, ahora en sus manos se encontraba una bebé. Desnuda, igual que ella, la niña se carcajeaba cuando Berenice la aventaba hacia el aire para tomarla de nuevo en sus manos.

La nena se soltó de los brazos de Berenice y corrió hacia el agua. Ella la miró entrar al mar y se recostó sobre la arena, sintió y gozó las sensaciones provocadas por el agua que llegaba hasta sus pies, sus pantorrillas, sus muslos, sus nalgas, su espalda. Disfrutó también del calor del sol que la bañaba toda.

La bebé emprendía una aventura por las aguas poco profundas de la playa. Las pequeñas olas la golpeaban conforme ella avanzaba mar adentro, los golpes la tiraban pero la niña se levantaba riéndose.

Su diversión disminuyó conforme avanzó, las olas se fueron poniendo hostiles, se hicieron rudas ante el avance de la bebé, quien desdibujó la sonrisa de su cara y se notaba cada vez más tensa.

Quiso regresar a la costa, ya no era divertido, pero las olas no se lo permitieron. Tragando agua alcanzó a ver a Berenice en la costa, ella se alejaba del agua yendo hacia la selva.

La bebé quiso llorar, una ola la hundió por completo. Las corrientes la llevaron de un lado a otro, sin sentido giraba debajo de la superficie. Estaba angustiada, asustada, confundida.

De pronto apareció una flor a unos cuantos metros de distancia, era una de las flores que Berenice cargaba en el principio. La bebé se calmó y nadó como diestro buzo hacia la flor, la alcanzó y la tomó.

Con la flor en la mano, logró salir a la superficie y nadó, nadó hasta la costa, Berenice se había ido, estaba ella, sola, con su flor en la mano.

Se sentó sobre la arena mojada y miró sonriendo el inmenso océano.

Yo no volví nunca más a la habitación.

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¿Escuchas?

-¿Escuchas?- -No- -Creo que por fin se está callando- -¿Estás seguro? Yo no estaría tan segura. Para el oido, como que todavía escucho-

-¿En serio? No, yo ya lo dejé de escuchar. ¿En serio lo notas todavía?- –Si ¿no? Como que lo percibo ahí, o sea, ya no tan fuerte pero lo percibo aún.- -¡Ay no! Ya no lo estaba escuchando, ¡ya no lo quiero escuchar! Dame un segundo…-

Abro mis fosas nasales cinco veces, 1, 2, 3, 4, 5. Giro mi cuello tres veces, 1, 2, 3. Trueno mis muñecas, 1 y 2. Aprieto mis dientes cinco veces, 1, 2, 3, 4, 5.

-En serio no escucho nada, no puedo creer cómo estás escuchando tú- -Si, creo que tienes razón, parece que se fue- -¿Ya ves? Te lo dije, te dije que ya no se escuchaba. Por fin se fue, escucha el silencio, el silencio tan agradable, tan pacífico, ya no quería escuchar esas palabras.-

-Mmmm, espérate. Creo que ahí está otra vez…- -No, no, no, ¡no! ¿Estás segura?- -Mmmm, no, segura no pero… ¡Sí! Ahí está otra vez, escucha, escucha escucha escucha. Son un montón de palabras, palabras, palabras, palabras. ¡Escúchalas!-

-¡Que no quiero escucharlas chingada madre! Pero sí, ahí están ¡carajo! Si no me hubieras dicho ni me doy cuenta. ¿Para qué me dices?- -Pues ¿Qué quiéres que haga? Si las estoy escuchando, las escucho y ya, no puedo hacer nada. Si las escucho yo, las escuchas tú, aunque no quieras. Mejor acéptalo.- -¡No! Noooo, ya no me digas si las escuchas, por favor. Ahora hay que esperar otra vez a que se callen. Dame un segundo.-

Abro mis fosas nasales cinco veces, 1, 2, 3, 4, 5. Giro mi cuello tres veces, 1, 2, 3. Trueno mis muñecas, 1 y 2. Aprieto mis dientes cinco veces, 1, 2, 3, 4, 5.

-Ya no están, ya se fueron otra vez. Ahora si se fueron, si se fueron ¿verdad?-

-¡Parece que si! Si, a ver, déjame oir, no digas nada para que pueda escuchar bien…

Pues no, ya no escucho nada, parece que tenías razón. ¡Parece que ya se fue!-

-Genial, genial, genial, ¡genial! ¡Te lo dije! Te dije que ya se habían ido. Ufff, ufff, ufff, ya me tenían nervioso, no entiendo lo que dicen pero no me gusta lo que dicen.-

-Bueno, ya, tranquilo, ya no se escuchan. ¿Estás más tranquilo?- -Si. Dame un segundo-

Abro mis fosas nasales cinco veces, 1, 2, 3, 4, 5. Giro mi cuello tres veces, 1, 2, 3. Trueno mis muñecas, 1 y 2. Aprieto mis dientes cinco veces, 1, 2, 3, 4, 5.

-Bueno, ven, acuéstate conmigo, relájate un poquito querido, tranquilízate. Ya te me estabas alterando de más.                 Uy no, ahí está otra vez-

-¡No!- -Si-

-¡No!- -¡Si!- -¡Que no!- -¡Que siiiiiiiiiiii! Escúchalo, escucha las palabras, ahí vienen, ahí vienen, ahí vienen. Ahí están, ¡Escuchalas todas!-

-¡Puta madre! ¡No! ¿Qué dicen? ¿Qué chingados quiéren? No entiendo nada, son muchas, no las puedo controlar, no puedo hacer nada con ellas, no formo nada con ellas. No entiendo nada, no las puedo controlar, son muchas palabras, no tienen sentido…

¡YAAAAAAAAAAAA CÁLLATE! Eres tú la que está diciendo todo ¿Verdad? Si eres tú, si eres tú, si eres tú. Pinche culera ¿por qué me haces esto? ¡Tú eres la que está hablando! ¡Ya no te quiero escuchar! ¡Ya vete por favor! ¡Vete¡ ¡Vete¡ ¡Vete! ¡Vete! Vete, vete, vete, vete, vete… vete.

-Ya… se… fue.

-¿Escuchas?-

-No-

-Creo que por fin se calló-

-¿Estás seguro? Yo no estaría tan segura. Para el oido, como que yo todavía escucho-

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Este texto pertenece a la colabración que tengo con Ismael Núñez. Si quieres leer su versión, con el mismo arranque, puedes visitar el blog http://www.ismaeln.es/blog/?p=77 De vez en cuando nos ponemos de acuerdo para escribir con un mismo punto de partida y ver qué desarrollos nos salen.

Me dijeron…

Me dijeron que tenía que trabajar más,

pues he trabajado horas extra desde que salí del vientre.

Me dijeron que tenía que amar más,

pues he tenido que recoger los pedazos de mi corazón cada vez que he amado.

Me dijeron que tenía que escuchar más,

pues mi oído izquierdo ya casi no sirve de tanto que escucho, incluso cuando ni me hablan.

Me dijeron que esta vez tenía que poner más de mi parte,

y mi parte ya casi no tiene nada de todo lo que he puesto.

Y de todas formas, me digan lo que me digan…

Yo seguiré siendo yo, amando hasta el tuétano, escuchando hasta donde no me llamen y poniendo todo lo que tengo… siempre.

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